Hueles a noche, a inmensidad
a deseo encendido y concebido.
En la dulce eternidad de ésta negra manta
me atrevo a hilvanar los luceros y
recito -pausadamente- los trozos de mi alma
para callar luego expectante y ansiosa.
Eres la canela amarga
de mi tarro de café de barro
la forma perfecta de mi ilusión;
un pensamiento que se sublima
detrás de la firmeza de tu frente
y la claridad de tus palabras.
Hueles a savia y estrellas fugaces
a cometa errante y piedra de permanencia
a fenómenos, hilaridades y torturas dulces.
Tus ojos de bosque, de rama de pino
con la miel de esos labios
fecundando una etérea felicidad
el aliento es sólo una noche más
y tus pupilas ...tan grandes e infinitas.
Ojos de bosque oscuro
de fatal canto de sirena,
corazón que -por fuerza- se romperá.
No consigo alejarme de la cruel suerte
mi corazón latió ligero e imbécil
esperanzada a ser la excepción de tus reglas.
Cuento aquellos mitos en tus manos
para callar demonios y gorgónas
junto a petirrojos, domando pegasos
apaciento tus sueños y espero.
¡siempre espero a tus ojos..!
¡tus ojos de bosque tropical claro!
¡Oh! tus ojos de verdad, de verdor
devorando taciturna la oscuridad
de esa palabra tuya desanclada.
Tus ojos de musgo verdes y dulces
que al mirarme me traspasan
mis alas se estrellaron en ellos
cayendo en espirales eternas
en picada en su musgoso fondo.
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