viernes, 21 de octubre de 2016

Abuela


Y el mar envuelve 
con sus largos dedos de espuma
la tibia corriente vital.

Su cuerpo de agua, conchas y corales
se desliza dulcemente en la costa
color caramelo de la piel tostada.

Las libélulas nacen de gotas aguamarina 
  fecundadas por el olor a sal y arena,
maduradas al calor del sol y la luz
de la luna plateada y plañidera.
Y se van volando en círculos mágicos
convocando a quien sabe que fantasmas.

Aquella que partió a sembrar estrellas
al fondo del lecho marino
la dulce voz se funde con el rumor de las olas
la vida, el calor, la sonrisa y la palabra
El pensamiento y el amor duermen, 
bajo el canto de los barcos;
se transporta en cangrejos
me regala broches de estrellas.

Acaricia a sus descendientes al rodearlos
con remolinos de arena de playa.
Playa que la concibió y a la que vuelve ahora
con los brazos plenos y abiertos de par en par.

Cruzan el cielo augurando eternidad
esas cien mil libélulas tornasol.
Van anunciando a los ojos entornados
la verdad marítima y pura del corazón.

Esos cien mil pares de alas. son su séquito de doncellas
de la reina que es mi abuela, sus pies dorados y benditos
se posan con la suavidad de una pluma
en mis pensamientos en forma de la brisa plena de sal.

Y el mar...el inmenso y misterioso mar,
el mar, el azulado y majestuoso mar; 
las libélulas tejen sobre su piel
redes invisibles en las que puedo 
volver a hablar con ella. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario